Para quién es (y para quién no) el salto digital de Alicante

La fibra llega ya a 47 de los 58 barrios y pedanías del término municipal, pero la pregunta útil no es cuánta red hay sino a quién le sirve de verdad. Estas tres situaciones reales, con nombre y dirección, acotan el mapa.

Rosa, kiosco de la calle San Carlos

Rosa Ferrando regenta desde 2011 un kiosco de prensa en la calle San Carlos, a dos pasos del Mercado Central. Llegó al programa de digitalización del Ayuntamiento con un datáfono de 2016, una libreta de fiados y cero presencia en internet. Lo que le encajó fue lo mínimo: un terminal de pago con tarjeta sin contacto y una ficha de negocio en el directorio municipal, dada de alta en una tarde de febrero por una técnica del Centro de Emprendimiento de la calle Canalejas.

No necesitaba tienda online ni redes sociales. Le bastó con dejar de perder ventas cuando alguien quería pagar 1,80 euros con el móvil.

Su caso marca el perfil que sí encaja: microcomercio de barrio, con local físico estable y una facturación que no justifica un contrato de mantenimiento web. Si tu negocio vive de la venta ambulante o del mercadillo de Teulada, esto no te sirve.

Talleres Marín, Polígono de Babel

En la nave 14 del Polígono de Babel, Talleres Marín da servicio a 23 furgonetas de reparto diarias. La empresa llegó con un software de gestión de 2014 instalado en un único ordenador, el del despacho de arriba. La propuesta que aceptaron fue migrar la gestión de órdenes a la nube y contratar 600 megas simétricos con Fibra Alicante, unos 39 euros al mes, más una línea de respaldo 4G.

El salto no fue tecnológico sino de horarios: ahora el jefe de taller cierra partes desde la nave y el administrativo trabaja dos días en casa, en el barrio de Carolinas.

Quien esto no es para: talleres con una sola persona, sin empleados, donde el ordenador viejo del despacho sigue bastando y nadie va a usar un panel de control remoto. Contratar la nube para eso es pagar por una herramienta que nadie abre.

Amparo, 71 años, Virgen del Remedio

Amparo Ruiz vive en el bloque 9 de la avenida de la Virgen del Remedio y cobra una pensión de 742 euros. Acudió a un taller de alfabetización digital en el centro sociocultural del barrio con un móvil de 2019 y la cita de la ITV metida en un papel doblado. Lo que le sirvió fue aprender a pedir cita en la sede electrónica de la DGT y a leer el código QR del autobús urbano para saber cuándo llega el 14.

El taller era gratuito, cuatro sesiones de hora y media, y no le pidieron comprar nada. Ese es el criterio que importa: si la formación exige dispositivo nuevo o conexión de pago, deja fuera a quien más la necesita.

Y aquí está el límite más serio. Este programa no es para quien no puede acudir presencialmente a un taller porque cuida a un dependiente o hace turnos de noche; tampoco para quien vive en una zona sin cobertura interior en el edificio, como ocurre en partes de Colonia Requena, donde la señal no entra en los pisos bajos. Sin arreglar eso, cualquier curso es una promesa a medias.

  1. Rosa, kiosco de la calle San Carlos Rosa Ferrando regenta desde 2011 un kiosco de prensa en la calle San Carlos, a dos pasos del Mercado Central. Llegó al programa de digitalización del Ayuntamiento con un datáfono de 2016, una libreta de fiados y cero presencia en internet. Lo que le encajó fue lo mínimo: un terminal de pago con tarjeta sin contacto y una ficha de negocio en el directorio municipal, dada de alta en una tarde de febrero por una técnica del Centro de Emprendimiento de la calle Canalejas.
  2. Talleres Marín, Polígono de Babel En la nave 14 del Polígono de Babel, Talleres Marín da servicio a 23 furgonetas de reparto diarias. La empresa llegó con un software de gestión de 2014 instalado en un único ordenador, el del despacho de arriba. La propuesta que aceptaron fue migrar la gestión de órdenes a la nube y contratar 600 megas simétricos con Fibra Alicante, unos 39 euros al mes, más una línea de respaldo 4G.
  3. Amparo, 71 años, Virgen del Remedio Amparo Ruiz vive en el bloque 9 de la avenida de la Virgen del Remedio y cobra una pensión de 742 euros. Acudió a un taller de alfabetización digital en el centro sociocultural del barrio con un móvil de 2019 y la cita de la ITV metida en un papel doblado. Lo que le sirvió fue aprender a pedir cita en la sede electrónica de la DGT y a leer el código QR del autobús urbano para saber cuándo llega el 14.