Dos portátiles en la calle Castaños
La primera redacción ocupaba once metros cuadrados de un piso interior, con una ventana que daba a un patio de luces y un radiador que sonaba como un módem de 1998.
No había redacción. Había una mesa de cocina, dos sillas de mimbre que dejó la anterior inquilina y un cartel escrito a rotulador que todavía conservamos enmarcado: «Prohibido escribir la palabra ecosistema». El primer artículo se publicó a las 7:12 de la mañana y trataba sobre la fibra óptica que no llegaba al barrio de Virgen del Remedio. Lo leyeron 43 personas. Una de ellas era una vecina de la calle Pintor Cabrera que llamó para preguntar si el periodista había hablado con su cuñado, técnico de una subcontrata. No lo había hecho. Fue la primera corrección de nuestra historia.
Fundamos el periódico porque en Alicante se publicaban notas de prensa sobre digitalización y casi nada sobre lo que pasaba cuando la conexión fallaba un martes por la tarde en el ambulatorio de Babel, y porque los grandes medios locales cubrían la política municipal, las Fallas y el Hércules con solvencia mientras la cobertura técnica de infraestructuras digitales se quedaba, en el mejor de los casos, en un comunicado reescrito y, en el peor, en una foto de un router sin ningún dato comprobable detrás. Cuesta decirlo sin sonar solemne, pero la razón fue esa: faltaba alguien que llamara a la empresa, esperara cuarenta minutos al teléfono de atención al cliente y luego escribiera lo que había pasado de verdad. No aspiramos a ser el periódico de referencia de nada. Aspiramos a que quien vive en Villafranca del Bierzo y paga 45 euros al mes por una conexión de 3 megas sepa que no está solo ni es el único.
Qué contamos y qué no
Cubrimos despliegue de banda ancha, servicios públicos digitales, caídas de red y brecha digital en la provincia. Eso incluye el Ayuntamiento de Alicante y su sede electrónica, la Diputación, la Generalitat en lo que afecta a telecomunicaciones, las operadoras grandes y las pequeñas que revenden, y los ayuntamientos pequeños donde la fibra llega tarde o nunca.
No publicamos notas de prensa tal cual. No publicamos rumores de fusiones sin documentar. No publicamos comparativas de tarifas que sean un anuncio disfrazado. Nunca.
Hubo un episodio que fijó nuestra línea. En abril de 2023, una operadora anunció fibra en el barrio de San Gabriel con una nota que hablaba de «transformación digital del territorio». Llamamos al instalador que había hecho el trabajo en la calle de la Dársena y nos dijo que había tirado cable hasta el edificio pero que faltaba conectar 38 portales. El anuncio era cierto a medias. Publicamos el número exacto. La operadora tardó nueve días en responder, y cuando lo hizo, ya había conectado 12 portales más, aunque nunca explicó por qué la nota original hablaba de un barrio entero cuando solo había llegado a una parte de sus edificios ni por qué eligió ese barrio y no otro con peor cobertura. Tampoco hacemos periodismo de declaraciones. Si un consejero dice que la cobertura en el Vinalopó ha mejorado un 40%, pedimos la fuente de ese porcentaje. Si no existe, lo escribimos así: «la fuente no existe».
Cómo se financia esto
No tenemos publicidad programática ni acuerdos con operadoras. Cualquier persona que haya trabajado en un medio digital sabe lo que eso significa: ingresos bajos y previsibles, pero independencia real. Se financia con suscripciones, con un boletín de pago que sale los jueves y con talleres de alfabetización digital para asociaciones de vecinos, que cobramos a precio de coste y a veces ni eso.
En 2024 facturamos 71.400 euros. De esa cantidad, el 46% vino de suscripciones, el 31% de talleres y el 23% de una subvención nominativa del Ayuntamiento para un proyecto de cobertura de la brecha digital en cuatro pedanías, un desglose que publicamos cada enero con nombres y cifras porque si vamos a pedir transparencia a las operadoras lo mínimo es aplicárnosla sin excepciones ni matices de última hora. Un suscriptor de El Campello nos escribió en marzo de 2025 para decir que había cancelado su suscripción porque un artículo sobre la caída de red del 12 de febrero le había parecido «poco crítico». Le respondimos con el registro de llamadas y los correos enviados a la operadora. Volvió a suscribirse dos semanas después. No lo contamos como victoria. Lo contamos como lo que es: un lector haciendo su trabajo, que es exigirnos.
La publicidad institucional la aceptamos solo si no tiene condiciones editoriales. La hemos rechazado dos veces. Una campaña de la Generalitat sobre «digitalización rural» exigía revisar el texto antes de publicar. Un patrocinio de una operadora para una serie sobre brecha digital pedía lo mismo con otras palabras. La serie se publicó sin patrocinio. Salió más corta. Salió igual.
Dónde estamos y a quién respondemos
La redacción sigue en Alicante, ahora en un local de la calle San Vicente, cerca del Mercado Central, con cuatro personas a tiempo completo y siete colaboradores que cobran por pieza publicada. No tenemos corresponsales en Madrid ni en Bruselas. Cuando hay que cubrir algo en Madrid, vamos o no lo cubrimos. Preferimos no cubrirlo a copiar un teletipo.
Nuestro ámbito natural es la provincia: Alcoy, Elda, Benidorm, Torrevieja, Dénia, Villena, Crevillent. También escribimos sobre lo que pasa en Valencia y Murcia cuando afecta directamente a la conexión de aquí, porque las redes no entienden de límites provinciales y las decisiones de las operadoras se toman en Madrid o en París.
No respondemos a partidos ni a empresas. Respondemos a quien escribe al correo de la redacción y a quien llama por teléfono. Tenemos un compromiso concreto: toda corrección se publica con fecha y hora, visible, sin borrar el error original. No usamos la palabra «rectificación» para esconder que nos equivocamos. Decimos «nos equivocamos» y explicamos en qué. En octubre de 2025 publicamos que la fibra había llegado a 14 pedanías de la Vega Baja cuando en realidad eran 11. El error venía de una nota de prensa que no verificamos lo suficiente. Lo corregimos al día siguiente. Ese tipo de cosas no se olvidan en una redacción pequeña.
Lo que este periódico no va a hacer
No vamos a publicar titulares que empiecen por «La Comunidad Valenciana lidera...» sin decir lidera en qué y comparado con qué. No vamos a usar la palabra «revolución» para hablar de una actualización de software. No vamos a escribir «los usuarios» cuando queremos decir «las personas que pagan una factura».
No vamos a hacer listas de tres elementos por costumbre. No vamos a cerrar un artículo resumiendo lo que el lector acaba de leer. No vamos a fingir que sabemos más de lo que sabemos. Y no vamos a dejar de llamar por teléfono a la persona que instala el cable, aunque sea más lento que leer un comunicado, aunque a veces no conteste, aunque tengamos que insistir tres días seguidos y llamar a su empresa para que nos confirme que efectivamente estuvo allí aquella mañana de febrero levantando un poste frente al número 14 de la avenida. Tampoco vamos a decir que somos el único medio que hace esto, porque no es verdad. Hay gente en Alicante, en Valencia y en Murcia haciendo periodismo técnico y honesto. Lo que sí decimos es que nosotros lo hacemos desde aquí, con estos nombres, con estas cifras y con estos errores a la vista.
Si alguien busca un medio que celebre cada anuncio de despliegue como si fuera una gesta, este no es su sitio. Si busca uno que pregunte cuántos portales faltan, cuánto cuesta y quién lo paga, entonces probablemente sí.
Cómo contactarnos
El correo de la redacción es [email protected] y el teléfono es el 965 14 28 03. Atendemos de lunes a viernes, de 9:00 a 17:00, aunque si hay una caída de red importante un sábado, contestamos igual.
Las suscripciones se gestionan desde la web, sin llamadas comerciales ni descuentos por tiempo limitado. El precio es el que es. Si quieres proponer un tema, escribe con el asunto «tema» y cuenta lo que sabes, aunque no tengas pruebas todavía. Si eres técnico de una subcontrata y prefieres hablar en confianza, dilo y buscamos la forma. Si eres una operadora y quieres responder a algo que hemos publicado, tienes el mismo correo y el mismo plazo que cualquier lector. No tenemos oficina de comunicación, ni departamento de marca, ni community manager. Tenemos cuatro personas, siete colaboradores, una cafetera italiana que sigue funcionando y un cartel enmarcado que dice «Prohibido escribir la palabra ecosistema». No es mucho. Es lo que hay.