El accidente del TRAM en la Serra Grossa reordena las frecuencias y reabre el debate sobre la seguridad del tranvía

A las 7:42 del 14 de julio de 2025, un tranvía de la Línea 4 del TRAM descarriló a la altura del túnel de la Serra Grossa, frente al acceso al barrio de Santa Ana. El accidente dejó cuatro heridos leves y una red de consecuencias que todavía hoy, catorce meses después, sigue reconfigurando la movilidad en el este de Alicante.

Lo que pasó en el túnel de Santa Ana

A las 7:42 de aquel lunes, el convoy 4231 salió de la estación de La Goteta con 68 pasajeros a bordo. En el kilómetro 2,3 de la línea, entre la boca del túnel y la curva hacia Vistahermosa, dos ejes del segundo coche se salieron de la vía. El tranvía quedó detenido en diagonal, con la mitad delantera fuera del carril, y el pantógrafo arrancó parte del cableado aéreo.

Los bomberos del parque de Alicante tardaron nueve minutos en llegar. Cuatro personas fueron atendidas por contusiones y crisis de ansiedad en el Hospital General, según el parte que la Conselleria de Sanidad remitió dos días después. Nadie murió, pero el susto fue mayúsculo.

La circulación entre La Goteta y Sangueta quedó interrumpida 11 semanas.

Once semanas de obras y una investigacion abierta

La Conselleria de Movilidad atribuyó el descarrilamiento a un defecto en el desgaste de la vía, agravado por las lluvias de marzo y abril. La investigación de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios sigue abierta y su informe definitivo no se espera antes de diciembre de 2026, según confirmó la propia comisión a este periódico.

Las obras no se limitaron a reparar el tramo. Se sustituyeron 1.240 metros de carril, se renovaron 340 traviesas y se instalaron sensores de vibración en los puntos críticos. La factura: 4,7 millones de euros, según la adjudicación publicada en el perfil del contratante.

Mientras se reparaba la vía, los vecinos de Santa Ana y de Vistahermosa tuvieron que reorganizar su vida cotidiana. La línea 4 quedó cortada en dos y el servicio se cubrió con autobuses lanzadera cada 20 minutos.

Los que suben al tranvía cada mañana

Rosa Miralles, presidenta de la asociación de vecinos de Santa Ana, recuerda esos meses con cansancio. "Mi hija entraba a las ocho en el colegio y salía de casa a las siete menos cuarto para coger el bus lanzadera", explica. "Antes bastaba con bajar a la parada."

El transbordo forzoso añadió entre 18 y 25 minutos a cada trayecto, según los datos que la asociación recogió en una encuesta entre 212 familias durante septiembre y octubre de 2025. Casi la mitad de los encuestados dijo haber cambiado de medio de transporte. El coche privado ganó terreno.

La línea 4 transportaba antes del accidente unos 9.300 pasajeros diarios laborables. En junio de 2026, último mes con datos cerrados, la cifra era de 7.850. No es una catástrofe, pero es una pérdida de 1.450 viajeros al día que no ha vuelto.

Nuevas frecuencias, viejos recelos

Desde el pasado 1 de julio, el TRAM opera con una frecuencia de paso de 9 minutos en hora punta, frente a los 7 minutos anteriores. La empresa justifica el cambio por la necesidad de dejar más margen entre convoyes mientras se calibran los nuevos sensores.

El comité de empresa de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) ha pedido por escrito que se publique el informe completo de la comisión investigadora y que se refuercen las inspecciones nocturnas. Su portavoz, Vicent Alcaraz, sostiene que la plantilla lleva dos años advirtiendo del estado de la catenaria entre La Goteta y Sangueta.

La Conselleria responde que las inspecciones ya se han duplicado, con dos equipos nocturnos en lugar de uno, y que el presupuesto de mantenimiento de la red de Alicante creció un 23% en 2026. Son cifras que no convencen del todo a los usuarios.

La parada que aún no existe

El Plan de Movilidad Urbana Sostenible de Alicante preveía una nueva parada en el acceso norte de Santa Ana para 2027. Después del accidente, el Ayuntamiento y la Generalitat acordaron adelantarla a finales de 2026. El proyecto está redactado, pero sin licitar.

En Santa Ana viven 4.120 personas, muchas de ellas mayores de 70 años, según el padrón municipal de enero de 2026. Para ese colectivo, la parada no es una comodidad: es la diferencia entre ir al ambulatorio de Babel andando 20 minutos o depender de un familiar que los acerque en coche.

La asociación vecinal ha vuelto a colgar el cartel reivindicativo en la plaza. Ya lo hicieron en 2019, y entonces tampoco hubo parada.